31 de enero de 2011

Justa venganza

Antonio Pérez Molina. Al oír su nombre, el pasado del que huía me alcanzó.
Nos habíamos conocido cinco años antes, yo acababa de casarme y él era el dueño del hotel en donde nos hospedaríamos. Poco después Ana me dejaba, yo hacía un pacto de no agresión con la nueva pareja e iniciaba una nueva vida.
Pero la vida es sorprendente.
Antonio y Ana se habían separado pronto, en cuanto a él le acusaron de fraude. Y ahora, él era el principal acusado de un asesinato. ¿Mi misión? Defenderle.
“Sin rencores”, dijimos cuando nos vimos. “¿Una copa?”, pregunté. “Ya no bebo, ¿una gaseosa?” y nos reímos. “¿Cómo lo ves?” “Bien, lo veo bien, este recibo es la coartada perfecta”, dije guardándolo en una carpeta para perderlo después. Sonreí, dentro de muy poco vería su rostro mirándome desde el banquillo con absoluta desesperación.

(microrrelato seleccionado en el III Concurso de Microrrelatos sobre Abogados, mes de enero)

29 de enero de 2011

El puzle

Todos me recordaban a Juan. Las manos de Enrique, la picardía de los ojos de Andrés, los chistes de Santiago, el modo de andar de Pepe, la medio sonrisa en la cara de Paco, los silencios de Víctor en medio de una frase, la inclinación de la cabeza de Eduardo cuando encendía un cigarro, el pelo siempre revuelto de Javier, las miradas poco disimuladas de Sancho hacia mis piernas, sí, ésas también eran de Juan, el guiño travieso de Abel después de la broma, el modo en que Fernando me cedía la silla, los sesudos discursos de Pedro, la conversación intrascendente de Jorge, la forma en que Alfonso abrazaba mi cintura para bailar juntos,... Estando con todos ellos, he estado con él y he disfrutado de todos sus encantos, de uno en uno. ¿Qué ha habido de malo en mi modo de actuar? ¿Qué es lo que tanto daño le ha hecho en mi comportamiento? ¿Por qué él no ha podido reconocerse, como yo lo hacía, en todos ellos?

27 de enero de 2011

Micro-Coll-eando


Una trajodia griega
Corría el año Bil, mes de Mallo, cuando Avel, píncipe y plebello, extremaño para más señas, se enamorró de Lolaflowers, una odalista que quería pasar por vicetriple.
Sin embargo Goleat, esbulto y encaldinavo, invitó a cenar a Loli. Le preparó una enchulada con cacamelo y se la haligó a los postres sin problema.
Avel, unicoño y lleno de encoño, fue al encuentro de ella:
Remera, tatamuda! Me has abantronado –dijo escornudando-. ¿Has creído acaso que soy estupidiez?
-No, mi amor, sólo eres prestidigestador.
-Te equivocas, he dejado de ser un anocente. Seré un bandedo, estaré jodobado pero no estoy moriburdo. ¡Ni de coña!
Esfera! –dijo ella.
-No, particapa a Goleat. Eso es todo.
Y Avel se fue susurrando: “Yo sólo quería querella”.  

(Sé que sin buscar las palabras en el diccionario el argumento se entiende, pero hacerlo dará matices insospechados al texto. Por lo tanto, si me permitís un consejo, buscar algunas palabras como trajodia, odalista, vicetriple, esbulto, encaldinavo, haligar, tatamuda, escornudar, prestidigestador, particapar,… Ya me contaréis)
  

26 de enero de 2011

Alguien llamado Coll


            Algunos no sabrán de quien hablo, incluso si digo que formó parte de la famosa pareja humorística Tip y Coll puede que sigan sin saberlo. Una pena. Tener una determinada edad tiene sus ventajas, como por ejemplo haber disfrutado en los años 70-80 de sus con frecuencia absurdas actuaciones.
            Coll hizo además algunas otras cosas, fue presentador, actor y escribió algunos libros, entre ellos: El diccionario de Coll y Diccionario Coll del siglo XXI, en los que jugaba con las palabras, retorciéndolas, estirándolas, hasta llevarlas a un lugar en el que él está presente, dando cuenta de sus creencias y de sus escepticismos.
            Antes y después de Coll, quizá hubo y habrá otros, pero sólo él es el protagonista de esta entrada, sólo él es responsable y creador de las nuevas palabras y definiciones que espero que disfrutéis en este extracto.

24 de enero de 2011

San Martín

            Deshacerse de un cadáver no es fácil, se dijo. Quizás por eso él prefirió las palizas y las amenazas.
            Ahora que su marido yacía inerte en mitad de la cocina comprendía el problema al que se enfrentaba.
            Estuvo a punto de dejarse aplastar por los gritos de años que aún retumbaban en su mente, cuando vio la sangre que empezaba a fluir por uno de sus oídos. Tenía que actuar rápido.
            Recordó entonces a Maruja, su vecina del quinto interior, ella había participado en alguna que otra matanza, ella sabría como descuartizar a un cerdo.

(microrrelato ganador en la VIII Edición del Concurso de Microrrelatos en Bubok)

22 de enero de 2011

Buena puntería


El primero en caer fue el conejo azul. Unos segundos después, la víctima era el pato. Más tarde, vi caer con horror al cerdo, mi compañero y amigo. El siguiente era yo.
Aterrorizado busqué al culpable de la masacre: estaba sólo a un par de metros y sonreía.
Oí el disparo que tenía mi nombre pero… permanecí en el sitio. ¡El asesino había fallado!
Cuando el mecanismo que me mueve me devolvió a la calle, lo vi por última vez en mi vida. Llevaba en los brazos uno de los premios que se entregan a aquellos que tienen buena puntería. Llevaba en los brazos a la muñeca Chochona, mi novia.

20 de enero de 2011

Cara o cruz


            Escribir o la página en blanco.
            Las palabras o el silencio.
            Exponerse o esconderse.
            Intentar ser alguien o permitirse no llegar a ser.
            La vida es solo una vez, se dijo, es aquí y ahora.

19 de enero de 2011

Cada oveja con su pareja


Muy joven comprendió que la vida era corta y que la lista de cosas que quería hacer demasiado larga. Por eso se casó con aquel hombre soso y aburrido, junto al cual el tiempo parecía dilatarse hasta límites insospechados.

17 de enero de 2011

El huevo o la gallina

¿Somos un ensayo fallido de Dios o nosotros somos el fallo?

16 de enero de 2011

La guerra es la guerra

-¡Se ha cumplido el plazo! –se oyó desde el otro lado del patio.
            Era su hermano mayor haciéndose el duro delante de sus amigotes. Había secuestrado a su muñeca preferida y seguramente acabaría destrozándola, como ya había hecho otras veces.
            -¿Qué has dicho que quieres? –preguntó ella una vez más.
            -¿Es que estás sorda? –y volvieron a oírse las absurdas condiciones pedidas para la liberación.
            -Gracias por repetirlo. Creo que esta vez lo he grabado bien –dijo dejando su nuevo móvil a la vista.
            -Pero ¿qué haces?
            -Chantaje, creo que se llama chantaje.

(microrrelato presentado a la VII Edición del Concurso de Microrrelatos en Bubok y finalista)

14 de enero de 2011

Zombi


            -No llegarás tarde, ¿verdad?
            -No, claro que no. Imposible.
            Sin embargo volvió a hacerlo, cuando llegó al cementerio ya habíamos enterrado su tumba.

13 de enero de 2011

Otra vez

           Estuve mucho tiempo con los ojos cerrados, respirando con dificultad, sólo alcanzaba a oír murmullos indescifrables, tenues pasos, roce de ropas, una puerta cerrándose y abriéndose suavemente. Descansé unos instantes más intentando reunir mis fuerzas. Cuando abrí los ojos, los ruidos crecieron a mi alrededor y aparecieron un par de caras amigas, él también estaba allí:
            -¿Estás bien?
            Y entendí que necesitaba que yo asistiese a su pregunta, que necesitaba mi sí, tan confuso, triste y desamparado empezaba a sentirse.
Le sonreí, ojalá que con la mejor de mis sonrisas.
-¿Y tú?
Y me sonrió con su mejor sonrisa.
¿Qué podía decirles? Que lamentaba el dolor que iba a causarles, que había muchas palabras y poco tiempo, que sentía dejarles solos, que… Busqué su mano y, al encontrarla, sonreí de nuevo, cómo no hacerlo al contacto de su piel.
-No os preocupéis, sólo estoy algo cansada.
Sólo me dolía el nudo que tenía en el pecho. Era la emoción, la maldita emoción que me impedía hablar con tranquilidad.
Ya casi no quedaba tiempo.
-Por favor, no me sueltes la mano.
Y un vértigo empezó a invadirme, obligándome a cerrar los ojos. Por un momento, quise coger fuerte su mano con las mías, pero se hubiese asustado, así que suavemente, imperceptiblemente, se la empecé a acariciar. La sensación de calor en mis dedos se iba perdiendo, me caía sin remedio. Cuando dejase de sentir, estaría sola en aquel agujero. Ya había dejado de ser, y no podía tan siquiera razonar lo que estaba ocurriendo. Todo era negro, no había nada, me quedaba solamente aquella suave oscuridad. ¿Iba a ser esto todo? ¿Así? No sé cuando, simplemente más tarde, empecé a sentir como un latido que inundaba aquel espacio, que me adormecía de puro monótono y constante. Ya no había días. Ya no había noches. Sólo aquella negrura y aquel tranquilizador ruido sordo que parecía acunarme. No, mientras había estado viva jamás había imaginado una eternidad así, un cielo u otra vida así. ¿Qué es esto? Un acompasado sonido en la oscuridad. Nada más. Ni el espacio, ni el tiempo.
En un momento, idéntico a otros muchos momentos, todo se trastocó. Me empujaban, primero despacio, más tarde con prisa, violentamente, hacia aquella luz difusa que se había abierto sobre mi cabeza. Mi suave universo me expulsaba con furia de él, de la luz algo áspero tiraba de mí. Hasta que me sacaron. Grité, lloré, ¡tenía tanto miedo!; entonces, oí unas palabras.
-Señora, es una niña.
¿Cómo entender su significado? Tenía que remontarme tan lejos para comprender….
Después de una eternidad, me colocaron junto a una piel suave y caliente, que me trajo el recuerdo, apenas un instante, de otra que acaricié buscando tranquilizarme un día. Cuando comprendí que aquella piel era mi refugio y oí, muy quedo, un latido, dejé de llorar.

12 de enero de 2011

Desigual batalla

Como todas las mañanas, el niño descubrió que su castillo de arena había sido destruido por las olas.
Tras apretar los puños, tragarse las lágrimas y morderse los labios, dirigió una mirada de odio al agua que ya le lamía sus pies y juró defender como fuera la que iba a ser su obra definitiva.
Esa noche nadie le sintió salir del apartamento donde pasaba las vacaciones junto a su familia, nadie fue testigo de la desigual batalla de un niño armado con una espada de juguete luchando contra el mar, nadie lo vio.
Lo cierto es que nadie volvería a verlo, nunca.

(microrrelato publicado hoy mismo en La Esfera Cultural con mucha alegría y mayor sorpresa por ésta que os escribe)

11 de enero de 2011

Faltaba el agua


            Una semilla en esta tierra desolada, eso es lo que fuiste tú. Una promesa, un objetivo, una esperanza y yo, tan novato en estos lujos, no supe darte nada.
            Sin embargo, ¿no puedes ver ahora en mis ojos secos el agua para regarte, para cambiarme, para ser juntos todo lo que no fuimos y podemos llegar a ser?
            No te vayas, amor, aún no es tarde. ¿No ves el agua?

(microrrelato presentado a Relatos en Cadena)   

10 de enero de 2011

La reina


Hasta sus oídos había llegado que uno de ellos la amaba pero, ¿cómo saber cuál?, todos los peones eran iguales.

8 de enero de 2011

El fin


            -No veo nada –dijo la voz-. Ya no puedo ver nada.
            Y el silencio se extendió sobre nosotros del mismo modo que aquel extraño virus se había propagado por la Tierra y nos había convertido en ciegos.
            El planeta azul ahora era negro. La era de los hombres había tocado a su fin.
            ¿Y nosotros?, ¿qué sería de nosotros? Nos fuimos dispersando despacio, tropezando tristemente con los objetos.

(microrrelato publicado en La Esfera Cultural)

6 de enero de 2011

Otro resbalón


Harto de que ella fuese la dueña de todos sus días, tomó una determinación. Se bebió la botella de coñac que había guardado para el nacimiento del hijo que no tuvo nunca, se camufló tras el traje de Papá Noel de su precario trabajo actual y empuñó el hacha a falta de un arma de fuego.
Fue entonces a la casa del lago, a esa casa que había construido con sus propias manos y que ahora ya no era suya. El agua estaba helada desde hacía meses y sólo unos cientos de metros le separaban de ella.
Sonrió, elevó la vista y, antes de darse cuenta, se encontró con la cara pegada el hielo, otra vez, una vez más.
El gato, el que había sido su gato, había saltado a sus pies, le había hecho tropezar y ahora lo miraba por encima del hombro, con la misma sonrisa con que le habría sonreído la bruja.

(microrrelato presentado al concurso de Minificciones, mes de diciembre)

5 de enero de 2011

Esmorroñarse

Caer de morros, romperse la cara, partirse la crisma, caerse de bruces. 
          Este término, que no figura en el Diccionario de la RAE, está bastante extendido en Internet y es usado por mí con relativa frecuencia porque me encanta pronunciarlo y oírlo. Curiosamente, se puede encontrar una página en la cual se enseña a los extranjeros a conjugar dicho verbo, por lo que a estos efectos puede ser interesante declararse irlandés.
Ejemplo: “Me voy a esmorroñar si no enciendes la luz”.

(quizás quieras participar en todo esto, mira cómo)

4 de enero de 2011

Publicaciones en otros blogs


Es posible que algunos de vosotros hayáis descubierto mis microrrelatos: “Un juego nada infantil” en el blog Breves no tan breves y “Mariposas en el estómago” en Químicamente Impuro.
Espero y creo que no será la última vez que algo así ocurra; y no sólo en esos blogs, sino también en Ráfagas, parpadeos.
Para mí, como podéis imaginar, es un honor. Estoy muy agradecida y contenta.
            Gracias a todos (no lo veis, pero hoy “visto” una gran  sonrisa que creo que me durará varios días)

3 de enero de 2011

Malo malo


Antes de interrogar a los sospechosos, intercambiaban los papeles. Él hacía de poli bueno y su compañero simulaba ser el poli malo.
Fue divertido hasta que las burdas imitaciones de su colega empezaron a cansarle.

2 de enero de 2011

Mi Año Nuevo

            No me gusta la Navidad, supongo que por eso me gusta el Concierto de Año Nuevo.
Me empiezo a sentir bien sólo con oír la voz del comentarista; después, espío a los telespectadores buscando kimonos y sonrisas, alucino con los sitios en los que se han vendido entradas, disfruto de las cabriolas de los bailarines por lugares que no visitaré nunca, me dejo llevar por la música de la familia Strauss y sonrío al descubrir la complicidad que hay entre los músicos.
Somos 1.000 millones de personas y yo con ellos, esperando las piezas que no están en el programa pero que están siempre: el Danubio Azul, que se interrumpe tras los primeros compases para que los músicos nos deseen feliz Año Nuevo, y la Marcha Radetzky, llena de vitalidad y de ritmo, en la que el público aplaude al compás mientras el director les dirige también a ellos.
Siempre es lo mismo, afortunadamente. Y con los aplausos finales, empieza mi año, mi verdadero Año Nuevo.
Gracias al Concierto empiezo a ver que la comida que aún está en la cocina son sólo sobras, que el turrón va a acabarse, que la Navidad ya ha pasado, que soy una excelente aficionada a los saltos de esquí (sólo ese día), que… Los efectos beneficiosos del vals en mi ánimo duran horas, incluidos esos primeros minutos del telediario en los que nos informan de las subidas de precios.
Mi año, mi verdadero Año Nuevo, la tradición que se cumple, que me cura y renueva por dentro.
Una tradición que sólo se ha quebrado dos veces: el año en que ni el Danubio ni la Marcha sonaron como señal de respeto por las victimas del maremoto en el Índico y este mismo año en que el efecto anestésico del vals sobre la subida de precios no ha sido suficiente.

1 de enero de 2011

Diez propósitos para el Año Nuevo

            1.- Practicar la jardinería, vigilar el cactus como mínimo.
            2.- Reflexionar y dejar de hacer las cosas sin ton ni son.
            3.- Explorar Lilliput: los cuentitos, los cortitos,…
            4.- Poner una vela a Gotzon (o a Gonz, su micro) para tener un éxito mayúsculo e internacional.
            5.- Su-surrar un cuento en tu oído toditos los días.
            6.- Visitar el zoológico. Ir a ver al elefante, al coyote, al cangrejo y a los cuervos.
            7.- Ir “living”. Estar más tiempo en casa, coser, leer despacio, hacer el indio.
            8.- Dejar de fumar porque es químicamente impuro, porque estoy en mal estado y quiero respirar la brisa en 365 micros.
            9.- Hacer nuevos amigos: Frankenstein, Lola, Anónima, algún que otro loco, algún lelo incluso.
            10.- Perder peso. Recuperar la línea y ser un poco más micro.

(¡Feliz Año a todos!, especialmente a aquellos que no he enlazado por falta de imaginación o de espacio)