25 de mayo de 2018

La fuerza del destino


La madrastra, aparte de dos hijas feas y bastante mal humor, tenía una biblioteca a la que solo dejaba entrar a Cenicienta con el único propósito de que limpiase el polvo. La joven, aun cuando tenía demasiado trabajo, pronto supo encontrar en aquella habitación una oportunidad para olvidar su día a día, disfrutar de los breves periodos de soledad y alejarse de las caprichosas órdenes.
Fue entonces, por casualidad, cuando descubrió los cuentos clásicos.
Con sorpresa leyó que su destino estaba escrito y, como era muy trabajadora, se preparó para afrontarlo; así estudió la historia del país que reinaría, se formó en diplomacia y relaciones internacionales, aprendió un par de idiomas y decidió que sería una reina discreta y cercana.
Después llegó, como todo el mundo sabe, lo del baile y el zapato.
Y comieron perdices y fueron felices, y lo hubiesen sido más aún, si en el cuento hubiese quedado más claro ese fetichismo enfermizo que dominaba a su marido y que era mencionado como de pasada.

1 comentario:

  1. Bueno... Siempre es mejor la experiencia directa... ¿no?

    Saludos,

    J.

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