27 de marzo de 2024

Unicornios

Los mozos de cuadra, mientras limpian las caballerizas, fantasean. ¿Cuántos caballos debería tener el coche con el que sueñan?

20 de marzo de 2024

Medio lleno siempre

Nunca nos hemos puesto de acuerdo en nada. Tú siempre has dicho que si nos conocimos fue porque me quitaste la merienda, cuando yo recuerdo que la compartimos. Has sostenido que me tirabas de las coletas y me levantabas las faldas por hacerme rabiar; yo siempre creí que era porque no podías vivir sin mí. Ya de adolescentes afirmabas ser un don juan; o un indeciso, he apuntado yo cuando he tenido ocasión, siendo prueba de ello este matrimonio que hemos construido juntos.
El médico acaba de darnos las malas noticias, ha hablado de unos meses y nos ha prometido que no sufrirás. Yo confieso estar contenta y prometo ya desde ahora que, si no llegas al año, aguantaré y afirmaré siempre que fuiste un buen marido, aunque solo sea porque por una vez tú y yo parece que nos hemos puesto de acuerdo en algunas cosas: yo siempre fui una ilusa, tú nunca me quisiste, aquí no hubo ni amor ni respeto, solo la mala costumbre de que las parejas debían de serlo para toda la vida, o parecerlo, algo en lo que el mundo ha cambiado y mucho, a lo que yo llego a tiempo y tú no verás.
 
(microrrelato para una propuesta de Esta noche te cuento, esta)

13 de marzo de 2024

Cyrano

El hombre venía y se sentaba siempre en la misma mesa. Después, tras haberle servido un café solo, comenzaba a escribir durante horas. Sin embargo, hace un par de días, sus ojos empezaron a perderse en la ventana y acababa guardando los folios, sin manchas ni huellas. Ayer me atreví a preguntarle y, encogiéndose de hombros, me comentó que los personajes habían huido de él y con ellos sus historias. No pude evitar sonreír, puse un par de vasos entre nosotros, los llené y dije: “yo tengo algunos en mi cabeza”.
Hoy ya le estoy esperando, sentado en nuestra mesa.
 
(microrrelato para una propuesta de Esta noche te cuento, esta)

6 de marzo de 2024

Los que no están

La abuela, junto a sus amigas, observaba el movimiento de los jóvenes del pueblo en la verbena; lo que había crecido aquel, lo buen mozo que era este, lo guapas que estaban las chicas con sus vestidos nuevos, quien miraba a quien, quien se decidía a acercarse para pedir un baile, quien estaba claramente demasiado cerca. “Y tu nieto, ¿dónde anda?”, preguntó alguien. A ella se le nubló la vista aunque mantuvo con entereza la sonrisa; bien sabía qué hacía su nieto y su mejor amigo: pasarse la noche poniéndose los vestidos de las mujeres de la casa, aprovechando su ausencia, queriendo ser lo que no eran.