28 de julio de 2014

Vacaciones y ausencias

Lo poco que publique este verano, mientras estoy de vacaciones, será en Twitter: @LuisaHurtadoG.
¡Hasta la vuelta!

24 de julio de 2014

Un matrimonio bien avenido

           A Maruja le gustaba ver como su marido, su Pepe, se transformaba ante sus ojos en director de banco. Todas las mañanas se levantaba solícita para prepararle el desayuno y después, con una excusa u otra, se las arreglaba para asistir al espectáculo, a la construcción de ese personaje que al final salía por la puerta de casa.
            Pepe, ajeno a todo, ligeramente obeso y ligeramente calvo, trastabillaba desde la cama hasta el baño, tropezaba con las paredes del pasillo y, más dormido que despierto, llegaba milagrosamente hasta el baño buscando una ducha rápida. Después, solía tomar un par de cafés y una tostada con mermelada, sin prisa pero sin pausa, justo antes del absolutamente imprescindible afeitado.
            Más tarde solían coincidir en el dormitorio. Él para vestirse con el traje que su puesto de trabajo requería y ella, haciendo como que hacía cualquier cosa, para mirarle embelesada.
          Era entonces cuando Pepe, eligiendo una camisa o una corbata, poniéndose unos pantalones o ajustándose el cinturón, empezaba a crecer y perder kilos. De modo que, cuando él finalmente se ponía la chaqueta del traje, su esposa apenas lograba contener los suspiros, volvía a ser la muchacha que se había enamorado una noche de verbena y lo despedía con un beso malintencionado.
            De modo que, cuando el Sr. Larrea alcanzaba la calle con paso decidido cargando un maletín de buena piel, se sentía dispuesto a todo y capaz de lograrlo: un aumento de sueldo, un puesto mejor, una secretaria, una amante bien plantada; sabiendo como sabía que, cuando tras la jornada de trabajo volviese a casa, su Maruja acicalada y perfumada, ilusionada como la muchacha que fue, se arrojaría entre risas y arrumacos a sus rechonchos brazos.  

21 de julio de 2014

El umbral

          Cuando me acerco puedo oír ruidos detrás de la puerta cerrada, sé que son como siempre el tiempo y el espacio jugando. De modo que, para no encontrarme ante una realidad que no es mía y descubrirme perdida y desorientada, como bien sabe mi psiquiatra que ya me ha ocurrido demasiadas veces, hago como que quiero entrar y tengo algún problema tonto e inclasificable, como si la puerta se trabase y no pudiera franquearla.
            El truco no suele fallar. Cuando la abro, estoy de nuevo en casa.

17 de julio de 2014

Enfermedad neurodegenerativa de nueve letras


Durante los primeros años de vida apenas fui consciente de su presencia y de su sonrisa, pero supongo que siempre supe que estaba ahí, que podía recurrir a él si tenía algún problema. Sé ahora que me vigilaba de reojo mientras iba rellenando con letra pulcra, poco a poco, los libros de pasatiempos con los que siempre se entretuvo.
Cumplí años, soplé velas y pasamos las tardes juntos, cada uno en sus juegos y en sus tareas.
Hoy, recién cumplidos los diez, sintiéndome mayor y fuerte, me paro junto a él y lo miro. Su sonrisa sigue ahí, pero no tiene gracia alguna. Sus ojos están fijos en un punto más allá de mi espalda pero no me ve. Estamos en la misma habitación de siempre pero está perdido, y yo no logro encontrar a mi abuelo en él aunque lo sea.
Bajo la cabeza. El cuaderno de pasatiempos está en sus manos, abierto por la página 36 con ese laberinto gigante que no creo que vaya a terminar nunca. Es entonces cuando decido dejar de jugar, que lo haré yo y que lo traeré de vuelta.
autor: Miguel Jiménez



(microrrelato escrito para la convocatoria de ENTC del mes de junio: “…en el laberinto…”)

14 de julio de 2014

Pájaros en la cabeza

Dio un paso y vio con desesperación a las historias huir como palomas, dejándolo niño y solo en mitad de la hoja. Metió una mano en un cajón, sacó unas palabras, unas migajas apenas, algo que había sido una frase y extendió la mano. Esperó durante horas, las historias no picaron y volvió a pasar una tarde estéril sentado en el despacho como venía ocurriendo desde hacía días.

10 de julio de 2014

El desempate

Ella dice que ya no la quiero, que prefiero ir a beber.
Yo le digo que bebo porque dejó de quererme.
Afortunadamente le tenemos a él, al camarero, él sabe qué fue primero si la aventura que tiene con mi mujer o que yo bebiese.

7 de julio de 2014

En retroceso

La casa se desplomará. Sobre ella, en el aire, flotarán nuestras amargas discusiones. La bombona de gas estallará, estoy seguro, y terminará todo.
Abrimos su puerta por primera vez, lo recuerdo. Recorremos felices sus pasillos. La llenamos a partes iguales de muebles y de sueños. Nos queremos.
Temí que mi hermano te conquistase, que acabases siendo suya. Sentí el latido de los celos y el deseo abrasador de poseerte. Luché por ti con el único deseo de apartarte de la mirada de todos, de anudar un par de botones en tu escote indecente, de alargarte la falda, de que bajases los ojos, de que empezases a ser invisible para ellos, de que los huyeses, de que callases y me escuchases, obedeciendo punto por punto todos mis deseos.

3 de julio de 2014

Malas noticias

-¿Estoy muerto?

30 de junio de 2014

Witzum


Witzum, una aplicación para leer y publicar microrrelatos, empieza a rodar.
Se dispone así de una nueva forma de navegar por historias breves, donde los lectores pueden descubrir de forma continua microrrelatos y autores que quizás no hayan leído antes.
Si bien el proyecto todavía se encuentra en etapa de desarrollo y no están a punto todas las funciones de las que se quiere dotar a este nuevo espacio, el lector de microrrelatos ya está disponible y abierto al público. Yo misma, como lectora, confieso que es difícil dejar de leer una vez se ha empezado.
Y como autora, agradecer la oportunidad y prometer intentar enriquecer ese espacio con historias de todo tipo de estilos, géneros y tamaños.
Witzum es una buena noticia para el microrrelato. Regístrate y empieza a disfrutarlo. Te estamos esperando.

27 de junio de 2014

Terrestre

Un día se descubrió en este extraño mundo vistiendo un increíble traje espacial y moviéndose a una velocidad más o menos constante de 365 días por año.
A medida que el tiempo fue pasando, la finísima escafandra de piel se adaptó a su tamaño y forma variables, asumiendo un número indeterminado de pequeños cambios que lo habían mantenido con vida. Sin embargo, hace algunos años, justo cuando empezó a pensar que la velocidad era demasiado rápida como para disfrutar del viaje como éste se merecía, el traje había empezado a dar muestras de deterioro.
Hoy, casi una vida terrestre después, cuando cada día siente más cerca el final, se pregunta: “¿He aprovechado bien el tiempo, estoy seguro de haber vivido con la intensidad que se merece una experiencia como es ésta, fascinante y única?”.

25 de junio de 2014

Contagio

Creo que he contraído la enfermedad. Desde hace unos días, la carne fresca de mi novia tiene un olor especialmente agradable y apetitoso; pero no le voy a decir nada, será una sorpresa.

23 de junio de 2014

Divorcio

Dividimos donde sumábamos.