2 de mayo de 2016

Grandes cuentos mínimos

En un tiempo dominado por los teclados y las pantallas planas, él continuaba escribiendo sus novelas a mano, adicto al sonido de la pluma resbalando sobre el papel.
Mucho después, en un accidente de tráfico, perdió la movilidad de la mano derecha. Algunos pensaron que nunca volvería a escribir pero… ¡qué poco le conocían! Aprendió a escribir con la izquierda, sustituyó sus novelas por microrrelatos y volvió a oír el roce del bolígrafo sobre el papel, la banda sonora en su vida.

29 de abril de 2016

Penitencia

Aquella tarde, papá, regresó a la tumba entristecido. Confieso que al principio no le hice demasiado caso pero, en apenas unos días, empezó a tener mala cara, a quedarse en los huesos y decidí entrar en acción.
Así fue como tome la decisión de volver por las noches a la que había sido nuestra casa. Me presentaba en el dormitorio conyugal e interrumpía con todo tipo de aullidos el sueño de mi madre y de su amante siempre, eso sí, ocultándome tras una sábana.

27 de abril de 2016

Haiku


Cayó la roca
sin levantar el polvo,
muda. Silencio.


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25 de abril de 2016

Desfibrilación

El lector descubrió que uno de los protagonista moría en la página 32, demasiado pronto según su opinión, y, disgustado, cerró con fuerza el libro como dando un portazo. Fue entonces cuando el golpe reanimó al personaje en cuestión abriendo, sólo en este libro, inimaginables líneas argumentales.

22 de abril de 2016

Talión

Abrió los ojos y sobre él cayó una resaca mayúscula. Lo de siempre, pensó, lo que es justo después de una semana de trabajo de mierda. Se levantó no sin esfuerzo y fue hacia el cuarto de baño; una buena ducha, unos tragos largos de agua y volvería a ser el mismo, listo y preparado para la siguiente juerga
Fue al empezar a extender el jabón por su cuerpo cuando sintió algunos dolores. Tras proferir los tacos habituales resumió: “como si me hubieran dado una paliza”. El contacto vigoroso de la toalla no mejoró la cosa. Limpió el vaho del espejo y se miró: un ojo a la funerala, el labio partido y un morado prometiendo ir a peor. De repente tres piezas parecieron encajar en su cabeza: el acoso de la desagradable gitana, la maldición que le había dedicado y la paliza que había dado a su mujer al volver a casa, como cada vez que bebía.
Salió del baño. Ella sonreía.  

20 de abril de 2016

Nada

Observo el lecho seco del río y los recuerdos surgen a borbotones, cual sangre de una herida feroz.
Nuestra imagen –tú y yo- sentados uno junto al otro, mirando por sobre el agua, hacia la otra orilla o hacia el infinito, como si allí o más allá pudiéramos vislumbrar el cumplimiento de nuestros sueños.
En invierno o en verano, tus pies descalzos siempre se acercaban a la orilla, para sumergirse en el líquido cristalino, sin apenas alterar su monótona corriente.
Hoy se cumplen seis meses de aquel negro día. Por eso estoy aquí, mirando sin ver, o no queriendo ver todo aquello que ya no existe. El caprichoso destino, en una muestra de crueldad infinita, quiso que las oscuras naves eligieran nuestro rincón preferido para posarse y absorber toda la vida del río.
Tú estabas allí, sola, pensando en mi propuesta. Y también te llevaron.
Y a mí también me llevaron, sin llevarme. Porque dejaron la cáscara hueca de mi cuerpo vacío de ti, vacío de tu luz y de tu amor. Vacío…

Autor: Hugo Jesús Mion


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18 de abril de 2016

Integral trainer

            Al nuevo alcalde de Huesca la gimnasia le había cambiado la vida. Desde que, intentando evitar los dolores de espalda, empezó con las sesiones de estiramiento hasta ahora, años después, había un mundo de diferencias.
Justo lo que la ciudad necesitaba, se dijo, un poco de tensión suave y constante que aumentase su flexibilidad, redujese el envejecimiento y mejorase su coordinación y su fuerza.
No había tiempo que perder: un banco del tiempo, huertos urbanos, un club de debates, concursos literarios, abuelos en acción, libros compartidos…
Respiró con calma. Sabía que debía ser constante. Poco a poco. Sin prisa.


(microrrelato enviado al concurso de microrrelatos Fundación Agustín Serrate, cuyo tema, en marzo, era: “Huesca, la ciudad se estira”; el concurso se prolongará durante un año con temas diferentes para cada mes, ya estáis tardando en participar, estas son las bases)

15 de abril de 2016

Madre soltera

La abuela dice que morirá en la casa del bosque, donde ha vivido; y ahora, que no puedo pedir ni una tarde en el trabajo, se me pone enferma.
No me gusta, pero tendrá que ir su nieta: meto comida en una cesta y le pongo la capa, la roja.

(microrrelato publicado en Cincuenta palabras)

13 de abril de 2016

El que reparte



Hacía como unos cinco minutos que viajaban en el ascensor hacia el centro de la tierra, hacia el refugio presidencial que nunca nadie pensó que alguna vez se usaría.
Él no era la primera vez que hacia el viaje y, aunque no estaba tan sereno como el presidente y su familia, la inquietud que ya adivinaba extendiéndose entre sus hombres le obligaba a estar alerta.
Cinco minutos en vertical y sin paradas es un viaje largo, son muchas toneladas de tierra; una tumba con una buena despensa pero, al fin y al cabo, una tumba.
Precisamente por eso habían sedado a los ilustres invitados, para que cesasen de una vez todas sus órdenes contradictorias, sus histerias, sus preguntas incómodas y sus inagotables exigencias, cada día un poco más absurdas.
No, definitivamente el presidente había demostrado no saber estar a la altura que le pedía la historia; y por eso, y porque así lo había exigido, se hacía aquel viaje hacia el subsuelo, donde había de casi todo, pero de donde alguien había eliminado (entre bromas y risas) el agua: “para que acaben muriendo de sed, como parece que moriremos todos en la Tierra”.

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11 de abril de 2016

Experiencia adquirida

Siempre me funcionó cuando era niño: después de cada travesura, gritaba o lloraba mientras señalaba a mi hermano y ayudaba a mi madre a encontrar el culpable que necesitaba.
Lo volví a hacer hace unos días, cuando comprobé que ya era inevitable que se descubriera el desfalco. Me llevó un poco más de tiempo, pero pronto conseguí que las pruebas falsas señalasen a mi socio, tras lo cual corrí a poner una denuncia.
La justicia es ciega.
Como una madre, podría añadir yo. 

8 de abril de 2016

Caso abierto

Un corrector de treinta años de edad ha sido hallado muerto en el sofá de su casa. Presentaba alrededor de treinta heridas por metáforas de diversa consideración, tenía alrededor del cuello una frase subordinada y, con toda seguridad, la cabeza estaba casi completamente separada del cuerpo a causa de la oración excesivamente aguda encontrada junto a sus pies; sobre el abdomen, se han encontrado un número aún por determinar de erratas imperdonables, y del brazo derecho colgaban dos sustantivos sin complementos, en carne viva, lo que hace suponer que las frases en las que estaban habrían sido analizadas gramaticalmente sin anestesia en un tortura que ha podido durar varios días.
Además, en dicho informe policial, se añade que afortunadamente se trataba de un manuscrito por lo se puede esperar que no se produzca más víctimas.
En último lugar, se ha ordenado una orden de búsqueda y captura para encontrar al autor ya que, desgraciadamente, faltaban las últimas páginas del libro y los agentes se ha quedado sin conocer el final, algo que fastidia.

6 de abril de 2016

Pompas




Algunos miran al cielo con la boca abierta, maravillados.
Ojalá que esas naves fuesen como esas pompas de jabón, y pudieran estallar con sólo tocarlas, y dentro de ellas no hubiese nada más que aire.

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4 de abril de 2016

Colofón

Nunca se había sentido peor como aquel día en que, queriendo escribir sus memorias, sólo alcanzó a escribir un microrrelato.

1 de abril de 2016

Un soldado

Entramos en Moscú para descubrir una ciudad helada y vacía, que apenas lográbamos llenar con el eco de nuestros maltrechos pasos. Según avanzábamos por ella, mientras nos hacía la promesa de seguir cobrándose más vidas, sólo la derrota parecía dispuesta a seguirnos. ¿Cuántos habían caído ya muertos de frío y de hambre, cuántos más caeríamos? El blanco de la nieve me cegaba y borraba los detalles de sus rostros; sin embargo me acordaba bien de él, de sus últimas palabras, de aquellas que me han mantenido con vida: “vigila tus pies, mantenlos alejados del frío”.
Agacho la cabeza y elijo a un infeliz; en cuanto caiga la noche, le robaré los zapatos. Cada día está más difícil. 

30 de marzo de 2016

El cumpleaños



            —¡Esta hija tuya tiene cada cosa! —le dice la tía Puri a mi madre.
            Las dos están en la cocina terminando de preparar la cena. Hoy la abuela cumple noventa años y seremos más de veinte para cantarle el happy birthday.
            —¿Y eso? —se limita a preguntar mi madre que ya está hasta el culo de cocinar y pasa bastante de discutir con su hermana.
            —He ido a ver qué coño hacía en su habitación, ya que ni se ha dignado venir a saludarnos —dicho sea de paso—, y resulta que... ¡anda, pero si está aquí espiándonos!... anda, dile a tu madre lo que me acabas de decir.
            —Que no quiero que os turnéis a la abuela —digo o más bien murmuro al ver la cara de mi madre; ha soltado la pezuña negra del jamón de oferta del súper y se ha quedado con el cuchillo en alto.
            —¿Pero a ti qué te pasa?... ¿Qué le habré hecho yo al divino para tener una hija así? A la abuela seguiremos turnándonosla hasta... hasta... que se muera.
            Ha bajado la voz para decir esto último pero la abuela la ha oído; está sentada en una esquina de la cocina, en una silla especial, bueno, especial especial no, solo que tiene un cojín de esos guateado del Ikea, «para que no se llague», dice mi madre; cuando lo dice pone la misma cara que cuando habla de las cosas esas que se ven en el cielo desde hace algún tiempo.
            A la tía Puri no parece importarle que la abuela se quede siempre aquí con nosotros, y a la abuela menos aún que hablen de su muerte.
            —De todas formas si os viene mejor tenerla un poco más, a mí me parecerá muy bien.
            —Anda, Puri, no me jodas, que ya te veo venir; la abuela seguirá como hasta ahora: una semana aquí y otra en tu casa.
            Me vuelvo a la habitación y me pongo a llorar. Al principio de que se la turnasen, no podía soportar tener que compartir habitación con ella. Su olor, sus ronquidos, sus pedos e eructos, sus carnes blandas, sus varices como gusanos bajo la piel... todo me asqueaba y, lo que más, su mirada entre ausente y divertida como si todo fuese coña, como si pasara de todo, incluso de aquellas extrañas cosas en el cielo.
            Pero ahora es muy distinto; mientras todos cierran las persianas —antes incluso de que anochezca— y que ni dormir sin comerse la bola pueden, la abuela permanece horas y horas de pie junto a la ventana abierta, con los ojos clavados en el cielo y una sonrisa de emoticono que se parte el culo, como si aquellas naves fueran putos globos de una fiesta para la que solo ella tuviera un pase.
            Aunque sepa que a la abuela se le ha ido la pinza y que no me puede entender, cuando me rayo tanto que no puedo respirar, le digo que tengo miedo y, entonces, ocurre algo raro que no he contado a nadie: ella pone la misma cara que si se hubiese olvidado de las llaves de casa antes de salir y se acerca a mi cama.
            —¿De qué tienes miedo, pequeña? —me dice acariciándome el pelo.
            —De aquellas cosas que están en el cielo, abuela, ¿vamos a morir?
            Y entonces se ríe, una risa de persona cuerda que hace que se me deshaga el puto nudo del fondo de la garganta, una risa de hada buena, de mujer sabia... luego vuelve hacia la ventana y yo me duermo. 

Autor: Dominique Vernay Juillet

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