22 de diciembre de 2014

Siendo coherente

En realidad esto del amor no tenía ninguna lógica, contigo nada lo tenía. Más cosas podías comprar, más minimalista querías ser. Más platos entre los que elegir, más dieta alegabas. Más frío, más minifalda. Más calor, botas y foulard sin dudarlo.
Fuese cuestión de modas o no, lo que he aprendido de ti es que siempre haces lo contrario.
Ahora, un poco más listo, te pregunto: ¿qué tendría que hacer para que me quisieras: irme con otra, pegarte, insultarte, mirar a otro lado? ¿Por qué no, sencillamente, me pones fácil esto del amor, algo que puede ser muy complicado?

18 de diciembre de 2014

La función

            Tras hacer callar al odiado despertador, se quedó un par de minutos más remoloneando en la cama, como de costumbre. Le pareció sentir entonces como un silencio expectante pero, incapaz de saber a qué se debía, apartó las mantas y se incorporó. Oyó entonces un murmullo ahogado al tiempo que sentía el peso de muchas miradas, pero no quiso darle importancia, nunca lograba despertarse del todo hasta que tomaba una ducha.
            Ya en el baño se despojó del pijama y llegó hasta él, ahora sí, una dolorosa mezcla de carcajadas y aplausos. De un salto se metió en la bañera y corrió la cortina. Atónito, aovillado, esperó a que el silencio volviese a ganar terreno; sin embargo, superando el ruido que hacía el agua, llegaron hasta él algunas frases y bromas en relación con su apariencia física.
            Más tarde, no más tranquilo pero sí intentando no encorvarse o dar pistas sobre el miedo que sentía, tuvo la oportunidad de revisar cada uno de los rincones de su casa acompañado de un susurro que repetía sin cesar: “pero ¿se puede saber qué busca?”. Desayunó un café solo, como siempre, al tiempo que una voz opinaba sin pudor: “no parece ser la mejor forma de empezar un nuevo día”. Escogió un traje, escuchó un “buena elección” y acabó saliendo de casa el ritmo de unos gritos que parecían como de animadoras.
            Cuando varias horas después volvía a entrar por la puerta, agotado y perplejo, incomprensiblemente rodeado de palmas y vítores, fue al dormitorio directamente y se metió en la cama. Esperó que se hiciera el silencio y dijo en voz alta, con la mayor autoridad y tranquilidad de la que fue capaz, “ha sido un inesperado placer, pero les agradecería que mañana no volviesen”. 

15 de diciembre de 2014

Un cuadro

Cogidos de la mano, con las sonrisas de oreja a oreja, frente a una casa, al lado de lo que parecían ser un coche y un árbol, el papá, la mamá, el hijo y el perro asistían impasibles al tristísimo espectáculo de todas las tardes, ése que esta vez acabaría salpicando el cielo azul, luminoso y dorado, que había sobre sus redondas cabezas, en el que podía verse una nube perfectamente blanca y algunos pájaros como acentos.
Al cabo de un rato de golpes, quejas y ayes se hizo el más absoluto de los silencios. Mientras las salpicaduras de sangre resbalaban y manchaban la casa blanca y el sol amarillo, el papá, la mamá y el hijo siguieron sonriendo. Sólo el perro había desaparecido. Y es que la mano infantil, ahora inerte y ensangrentada, lo había arañado en su frustrada huída, apresándolo con las uñas de sus pequeños dedos.

11 de diciembre de 2014

Imperturbables

Mirando desde el mar, las olas no podían comprender la quietud de la que hacía gala la costa; incluso, cuando arreciaba el viento y la lluvia caía con fuerza, aquellas piedras, las más grandes y las más pequeñas, las montañas y la arena, permanecían aparentemente quietas.
Y, mientras las olas curiosas escudriñaban la frontera con la tierra y la lamían intentando erosionarla sembrando un germen de dudas, no se daban cuenta de que ellas eran esclavas de un eterno vaivén, no se daban cuenta de que ellas eran desde siempre las mismas.

8 de diciembre de 2014

Desencuentro en la playa

El verano estaba lleno de contrastes: mi deseo ardiendo bajo la sombrilla, tu mirada helada sobre la toalla.

4 de diciembre de 2014

Arcoíris

Regordeta como pocas empezó a deslizarse inmediatamente hacia abajo y, mientras unas se le unían y otras indiferentes la dejaban pasar, una pregunta estaba en el aire: ¿lograría llegar al final o se consumiría antes?
El acompasado sonido de la lluvia era la mejor banda sonora para su avance, pero muy pronto pareció evidente que perdía masa demasiado rápido.
Sin embargo, ocurrieron dos cosas inesperadas: algunas gotas se le sumaron cuando el chaparrón arreció y un dedo infantil la señaló dándole un protagonismo y una importancia hasta ese momento inimaginables.
Así, cuando la gota llegó a la parte inferior de la ventana y desapareció, todo había cambiado: la pequeña gigante lucía una sonrisa, algo extraño, y es que acababa de decidir que iba a dejar de llorar por la pérdida de sus padres, que de las lágrimas se encargasen las nubes, las verdaderas profesionales.

1 de diciembre de 2014

Pesadillas

El reloj comenzó a sonar insistentemente a eso de las seis y media de la mañana. Como un autómata se levantó. Una ducha rápida, un afeitado para salir del paso, un peinado sin gracia y un café. Todas las mañanas desde hacía años repetía los mismos pasos mientras la radio difundía un soniquete de noticias muy parecido al del día anterior.
Media hora después salía del portal, con la noche aún en las calles, en dirección a la parada del autobús y a un despacho infame y sin ventanas. Dos montones de folios sobre la mesa, dos columnas de expedientes tramitados y por tramitar, que entraban y salían de aquel cuarto empujados por un bedel que no le saludaba y que con los años había adquirido, como el despacho, como los folios, como él mismo, un triste y enfermizo color gris.
Después se enfrascaba en su trabajo, intentaba no pensar en nada, hasta que llegaba la hora de comer ese rancho soso tras el que volvía al despacho, en el que se quedaba hasta que el reloj de pulsera empezaba a sonar para sacarle del sopor e indicarle que debía de volver a casa.
Lo paró, pero el reloj siguió sonando.
“Ha sido una pesadilla”, se dijo mientras lo apagaba, para después, como un autómata, levantarse, una ducha rápida, un afeitado para salir del paso, un peinado sin gracia.

27 de noviembre de 2014

Sopa de sobre

Nada me hizo sospechar que mi vida iba a ser diferente a la de las otras pero, aquí estoy, qué suerte, acabo de llegar al mar gracias a aquella mosca sedienta.

24 de noviembre de 2014

No pasa nada


La ciudad despertó, lentamente, con legañas en las ventanas. Sus habitantes tardaron un poco más en bajar de la cama y lo hicieron en la típica crisis de cerebro matutino. Todo parecía correctamente cotidiano y habría sido un día más, sin pena ni gloria, de no ser por ese llanto largo y alto, olvidado.
Los vecinos, aquellos que parecían vivir en el inmueble donde se producía aquel estridente ruido lleno de vida, aún incrédulos, fueron poco a poco encontrándose por los descansillos de la finca para acabar coincidiendo en el portal, en pijama o cubiertos precipitadamente con una bata, descuidados y nerviosos, dejando a la vista los aparatos que los mantenían con vida o habiendo olvidado en casa las mejoras informáticas que les permitían desprenderse de los achaques y de las arrugas; mientras los periodistas, ya apostados en la acera, intentaban averiguar qué iba a pasar con aquel llanto que hacía años que nadie oía.
Las viejas se santiguaron y rehicieron sus moños. El presidente quiso abrir la sesión y tomar la palabra. Algunos vecinos se lanzaron a hablar a un tiempo, y otros  permanecieron en silencio, un poco ajenos y otro poco superados. Las mujeres y los hombres en edad de procrear, una evidente minoría, se encogieron de hombros y pudieron demostrar que no habían infringido la ley. Los más jóvenes preguntaron curiosos qué era aquello, qué ocurría. Y un pequeño robot doméstico en un rincón contó y recontó el número de desayunos que tendría que preparar esa mañana.
Minutos más tarde, armados de palos, linternas e inmovilizadotes eléctricos,  cargados de las últimas versiones de todos los programas de defensa personal, liderados por aquel que iba a grabarlo todo y subirlo a la Red, los vecinos empezaron a moverse hacia el lugar de donde parecía venir el ruido. Subieron piso a piso, arrastraron los pies con una mezcla de miedo y cansancio, dibujaron con pereza cada curva de la escalera y empezaron a preocuparse por sus delicados oídos. El ruido crecía, persistía, dominaba el aire y destrozaba sus constantes vitales aun cuando, de tanto en tanto, parecía adormecerse.
Llegaron así hasta el último piso, donde vivían los vecinos que no querían serlo y que ellos no admitían que fueran, esos que andaban por los tejados como gatos y se los comían, hombres y mujeres primitivos y básicos, carentes de ordenadores y de portátiles, de mejoras y de versiones, seres incomprensibles que lloraban y reían, los únicos que aún se atrevían y lograban llenar de risas la ciudad civilizada y silenciosa.
El joven que llevaba la cámara, ansioso por la fama, anestesiado por ella, se decidió a empujar la última puerta, aquella que ninguno se atrevía a cruzar. Fue entonces cuando lo vieron, los vecinos y la cámara, las pantallas y las consolas: un niño, un bebé, un recién nacido en brazos de una mujer.
Ella los sonrió, cansada pero feliz, segura de tener a su lado a un hombre dispuesto a todo por defender a su familia (una palabra antigua). Él elevó la cabeza, la cámara recogió su mirada, registró su discurso, apenas cuatro palabras y ni una sola duda.
-Ha sido la cigüeña -afirmó.
Y los dos mundos, vecinos y ajenos, cada uno a su modo, se pusieron en marcha otra vez.

(microrrelato presentado al Certamen Literario El Secreter, era obligado casi todo el primer párrafo que veis hasta ese “de no ser por…”, en donde entro yo y desde donde me explayo)

20 de noviembre de 2014

Separación



El divorcio había sido civilizado; un trabajo fácil en el que, como abogado, poco o muy poco tenía que hacer: dar a firmar algunos papeles y tramitarlos sin demora. Sin embargo, en el último momento, me quedó mal sabor de boca. Cuando ellos ya se iban cada uno por un lado, fui testigo accidental de la dolorosa y quirúrgica separación de sus sombras.


(seleccionado en el IV concurso de microrrelatos ACEN)

18 de noviembre de 2014

Problemas estéticos en el blog

Como desgraciadamente quizás puedas ver, el fantástico aspecto del blog se ha fastidiado. No sé ni como lo arreglaré ni cuando, porque lo cierto es que no sé qué ha ocurrido.

17 de noviembre de 2014

Año Cuatro

Para celebrar el cuarto aniversario de este blog lancé algunos puñados de confeti, casi nada, poca cosa.