20 de septiembre de 2019

Punto en boca


            Sé que muchos amigos pensaron que nuestro matrimonio estaba roto el día que dejamos de hablarnos y empezamos a dormir en habitaciones separadas. Sin embargo, siempre pude decirles que, a pesar de las apariencias, nuestra comunicación era fluida y constante: él dejaba algunos pósits en los sitios comunes y yo le contestaba del mismo modo. No negaré que hemos pasado por momentos difíciles como cuando él, supongo que en un arrebato, tiró todos los papelitos amarillos con mi letra y yo en justa respuesta eliminé los suyos; una discusión que transcurrido el tiempo casi podría considerarse una limpieza general; pero también, siendo justos, es preciso comentar que nuestro diálogo mejoró de forma sustancial cuando él incorporó una fecha a sus notas y yo le secundé, feliz por poder darle la razón en algo y estar de acuerdo por una vez.
Por eso no lograba entender su silencio estos últimos días hasta que, harta, esta mañana decidí romper el pacto y entrar en su habitación, donde lo encontré tieso como la mojama con un pósit pegado a los labios y un punto en él.
            Y aquí sigo, sin saber qué o cómo le puedo contestar, en blanco.

(microrrelato en respuesta a la propuesta “amarillo” de Esta noche te cuento)

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