Las
botas en mitad del suelo de la habitación y la ropa dejada de cualquier manera
sobre la silla le recordaron lo que había sido y de lo que aún huía, el cuerpo
de ella bajo la sábana le hablaba de quien era ahora, de lo que tenía y quería
conservar. Dejó que la toalla resbalase sobre sus caderas, como al descuido, y
miró la cama en la que dormía la intrusa, aquella que le había traído caricias
y risas; a su lado había un vacío, en el lado derecho, en el que él siempre dormía;
pero, en esta ocasión y no sería la última, se metió en la cama por el lugar
que no le correspondía, pegando su piel a la de la mujer, ansioso ya, solo de
pensarlo, por hacerse un nudo con ella.
(microrrelato escrito para esta propuesta)
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