12 de febrero de 2016

Cenicienta

Ajena a los cuentos de hadas en los que de ninguna manera creía, durante años, llegó siempre a casa después de las doce, a veces con un zapato de menos y no siempre acompañada de alguien que pudiese ser considerado un príncipe.
Curiosamente, mucho tiempo después, apareció su hada madrina, alguien que la trataba como una reina, que llenaba sus días de magia e intentaba que fuesen realidad sus deseos más íntimos.

12 comentarios:

  1. Es importante que no estén las hermanastras envidiosas. Facilita mucho las cosas. Y el amor,liberado (algo)de la sociedad machista y patriarcal,se encuentra a la vuelta de la esquina.

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  3. Maravilloso re-cuento con final feliz. Buenísimo, Luisa. Besos.

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  4. Gracias, Hugo, Belen.
    Ya llega el finde. Bien!!!

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  5. Una versión consoladora en estos tiempos aciagos. Abrazos por doquier.

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  6. Soy yo, o este microrrelato trata sobre el lesbianismo? y, en este caso, el amor verdadero (aunque suene cliché).

    Saludos.

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  7. Guau, me ha encantado la inmensa sutileza que impregna este relato

    Un abrazo

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  9. Hay gente que encuentra hadas o príncipes. Da igual. El asunto es que te quieran. A Cenicienta solo la quería su hada madrina, ella es la que siempre estuvo ahí.
    Cada uno que lo lea como quiera pero.... Que todos tengamos a alguien, por favor.
    Gracias a todos, Luisa

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  10. Buen juego con el cuento. Ingenioso y actualizado.

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  11. Príncipes y princesas y final feliz. Buen cuento: positivo y sutil.

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