En mi primera ronda de vigilancia escuché pasitos
resonando en el hotel vacío por fin de temporada. Probé a poner el hilo musical
y beberme algunas botellitas de minibar, pero no podía dejar de pensar en el
crimen ocurrido en la 204, o en aquellos pobres niños que ya nunca salieron del
ascensor. Luego noté aquel OLOR INDEFINIBLE, como de algo vivo acechándome
desde las sombras; entonces lo vi, «no es un fantasma», pensé aliviado. Meneó
las orejas, olisqueó el aire y, no sé cómo, se metió en mi bolsillo. En cuanto
a mí, supe que ya nunca tendría miedo.
(microrrelato
escrito a medias con Belén Saénz y presentado a la primera ronda
del Entcuentro de verano 2026)
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