Cae
la noche y ya se queda la plaza a oscuras. Los músicos guardan los
instrumentos, los feriantes echan los toldos y yo, tras bailar toda la noche
contigo, me muero por besarte. Es septiembre, empieza a lloviznar y sugiero ir
al pajar de mis abuelos, donde se iniciaron las rencillas entre nuestras
familias. Aceptas divertida y despreocupada. Una vez dentro, junto con el olor
a heno y la respiración de los animales que dormitan, descubrimos que también
se han refugiados dos amantes que se devoran los labios. Reímos con inocencia
antes de descubrir quiénes son: tu padre, mi madre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario