12 de enero de 2016

El vacío

Un día aparecieron en el cielo unas naves grandes y extrañas, extraterrestres, y nuestro mundo, de un modo u otro, se llenó de ellas: las noticias, los documentales, los debates, las conversaciones en el ascensor, los chistes, los juegos de los niños, las charlas en la cama con la pareja.
Durante algún tiempo oímos toda clase de cosas, y las dijimos, intentando esquivar el miedo: teorías absurdas sobre primeros contactos, nuevas religiones, discursos iluminados, proclamas apocalípticas; y, mientras nosotros hablábamos, aquellos artefactos grandes y grises aterrizaron aquí, en silencio.
Hasta que un día alguien, en vez de hablarnos de lo que podía pasar, nos contó lo que ya estaba ocurriendo: las naves se habían situado en las orillas de nuestros océanos y estaban vaciándolos, literalmente. Y muy pronto todos pudimos comprobar con nuestros propios ojos, en cuanto quisimos mirar, que aquello era cierto, que las olas ya no escalaban las playas, que en ellas había cadáveres de peces extraños, que los barcos lamían la arena con los remos y que las naves, aquellas naves, dejaban dolorosas y profundas huellas en las orillas, persiguiendo esa agua que hasta entonces habíamos creído nuestra.
Desesperados, intentamos comunicarnos con aquellos seres: gritos, súplicas, balas, rezos, pero todo acabó estrellado contra una indiferente y fría superficie metálica.
Nada podía hacerse.
Desde entonces, impotentes y rendidos, cada día más vacíos y secos, algunos de nosotros hemos elegido este acantilado que no cesa de crecer para contemplar el final de todo, a la espera de que llegue el día en que el dolor nos empuje a llenarlo con nuestros propios cuerpos.

9 comentarios:

  1. Lo malo es que en nuestro mundo ese vacío no lo producen los extraterrestres sino los propios humanos. Un abrazo Luisa

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  3. Vacía me queda el alma después de leer un texto tan inquietante... ¿cuál será tu propuesta tras esta desolación...?

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  4. Mañana os cuento de qué va todo con pelos y señales.
    Gracias por estar pendientes

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  5. ¿Estas convocando una maratón, Luisa?
    ¡Avisa, eh!
    Besicos

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  6. Este relato inquietante promete, Luisa

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  7. No necesitamos naves para hacer este planeta inviable. Nos valemos solos.
    Me gusta.
    Salud.

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