8 de noviembre de 2019

Viuda

Desde el día que murió lucho por hacer desaparecer su huella en el mundo. He tirado sus ropas y quemado sus libros, he evitado nombrarlo y lo he logrado, he conquistado y ocupado todos los vacíos, he simulado no conocer a sus amigos y he pedido a los míos que, como yo, callen. Es así, en este trajín nuevo y gozoso como he pasado las últimas semanas, aunque he de reconocer que los morados y las cicatrices que dejaron sus golpes siguen sin desaparecer, ni con lágrimas. 

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