1 de abril de 2016

Un soldado

Entramos en Moscú para descubrir una ciudad helada y vacía, que apenas lográbamos llenar con el eco de nuestros maltrechos pasos. Según avanzábamos por ella, mientras nos hacía la promesa de seguir cobrándose más vidas, sólo la derrota parecía dispuesta a seguirnos. ¿Cuántos habían caído ya muertos de frío y de hambre, cuántos más caeríamos? El blanco de la nieve me cegaba y borraba los detalles de sus rostros; sin embargo me acordaba bien de él, de sus últimas palabras, de aquellas que me han mantenido con vida: “vigila tus pies, mantenlos alejados del frío”.
Agacho la cabeza y elijo a un infeliz; en cuanto caiga la noche, le robaré los zapatos. Cada día está más difícil. 

7 comentarios:

  1. Uno de nuestros grandes escritores (Uruguayo) Mario Delgado Aparaín, escribió una novela histórica: "No robarás las botas de los muertos", donde se menciona la costumbre de despojar los cadáveres de esas prendas que ya no van a necesitar... Pero tu soldado se fabrica el cadáver para luego despojarlo. La crueldad extrema de la lucha por sobrevivir...

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  2. Muy bueno, siendo que tiene potencial para ser todavía más crudo.

    Saludos, Luisa!

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  3. Los más fuertes tienen más posibilidades de sobrevivir, también los más despiadados.
    Un abrazo, Luisa

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  4. Hermoso texto. Yo tiraría del hilo. No lo veo cerrado, si no como parte de algo más grande.

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  5. Mantenerse con los pies calientes, en tiempos de penuria, es toda una proeza, como muy bien explicas.
    UN saludo.

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