30 de mayo de 2016

El frenazo

            Cada día ocurría lo mismo, salía del trabajo un funcionario cobarde y servil y llegaba a casa el torturador constante y silencioso de su familia. La velocidad a la que se producía la transformación era cada día mayor, era aterradora.
            Sin embargo llegó una tarde, una cualquiera, en la que el hijo mayor puso freno de golpe a la sucesión de palizas, revirtió la transformación y lo dejó reducido a un ser acurrucado en el suelo del salón, el mismo que está ahora entre rejas. 

11 comentarios:

  1. Muy frecuente, esto que narras con una voz cercana, sin grandes malabares. La lectura que me gusta.

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  2. No por frecuente deja de ser duro. Muchos quedan sin el merecido frenazo.

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  3. Me encanta ese final feliz, ójala siempre fuera así. Bravo por ese relato sencillo y valiente.

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  4. Hola. Lamento no disponer del tiempo como para devolveros los mimos y la cortesía de seguir pasando por aquí. Gracias de todo corazón y... un beso a todos y cada uno. Gracias

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  5. Todo tiene un límite y alguien tiene que ponerlo. Un relato efectivoi.
    Un abrazo, Luisa

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  6. Me gusta ese frenazo final. Como siempre, un relato magistral.
    Besicos muchos.

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  7. Genial planteamiento. Hay que frenar situaciones como las que narras.
    Un saludo.

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  8. Es lo que corresponde: ojo por ojo. Aunque duela.

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  9. Ayer este blog estuvo de fiesta sorpresa, cuántas visitas y comentarios!!! Gracias a todos

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