9 de octubre de 2017

En vías de extinción

Durante toda su vida mis padres se negaron a usar en mi cuerpo tanto la biología cibernética como las actualizaciones cada vez más comunes de software sanitario. Yo mismo heredé de mis progenitores una exagerada animadversión por todo lo que se alejaba de la selección natural de las especies y las obsoletas vacunas que tanto proliferaron en el siglo XX.
Me convertí así en el último homo sapiens, en el ser único e insignificante que tanto afeaba a la nueva raza de hombres: los posthumanos.
Hoy, cuando toda su civilización empieza a enfermar y a desaparecer por causas desconocidas, ellos han empezado a mirarme, han comenzado a pensar que yo bien podría ser un útil conejillo de Indias y esconder entre mis células esa salvación que se les está escapando.

7 comentarios:

  1. Me gusta el concepto de "posthumanos".
    Un abrazo de lunes.

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  2. Jugar a ser Dios tiene sus consecuencias. Tu protagonista va a pasar de ser marginado al más deseado.
    Buen relato, Luisa.
    Un abrazo

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  3. Patricia, ya casi lo somos, ¿no crees?, en cuanto todas esas cosas que van con nosotros: movil, tablet, wifi,... se incorporen a nuestro cuerpo con algunas mejores en nuestros sentidos, si es posible.
    Ángel, es lo que se llama "matar a un cerdo a besos", lo quieres... pero lo matas; los humanos (no sé si los posthumanos) hacemos cosas así y... así nos va.
    Gracias a ambos y un beso.

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  4. Vaya camino hemos tomado.
    Un abrazo.

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  5. Excelente el micro. La realidad esa que narras, me da miedo.
    Besicos muchos.

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