27 de octubre de 2017

Usado

Poco antes de que los domingos fueran amargos y temiese que hablase, viví un sábado de borrachera intentado olvidar sin lograrlo que el viernes anterior ya estaba con otro, como si no hubiera ocurrido nada; cuando en realidad solo el jueves había salido de mi casa empujando una maleta, el miércoles se había negado a seguir discutiendo sobre qué hacer, el martes lloraba y temblaba en mis brazos y el lunes éramos sorprendidos por el que era entonces su violento marido, ese que yo había matado, para complacerla, intentando salvarla.

(microrrelato publicado en la Antología que se presentó, el pasado 26 de octubre, en Canyada D’Art; antología con no pocos nombres conocidos, reconocidos y admirados)

3 comentarios:

  1. El tiempo se encarga, siempre, de arruinar todas las aventuras.

    Saludos,

    J.

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  2. Muy cierto, para todo se necesita tiempo, el bien más preciado.

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