19 de septiembre de 2014

Aprendiendo a dominar el fuego

Las noches eran aburridas, frías y largas; esa fue la razón principal por la que le aceptamos, para poder luchar contra el frío y alejar a los animales. Sin embargo su poder no era tanto como él creía, antes de que se diera cuenta algunos lo imitábamos con éxito a escondidas.
Poco después un hombre le hizo tropezar o una mujer lo empujó, poco importa, el caso es que cayó en el fuego que él mismo, haciendo aspavientos y dándose importancia, había encendido.
Así fue como aquel pesado se convirtió ante nuestros divertidos ojos en cena.

3 comentarios:

  1. Es lo que tiene creerse un diosete, que acaba malamente.

    Abrazos muy calurosos.

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  2. Jeje, fue víctima de su audacia.

    Un abrazo.

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