Fue
él quien propuso, para Nochevieja, un baile de máscaras. Y ahora que nuestras
bocas saben a uvas y champán, que la gente empieza a entregarse a la noche,
oímos los gritos de Tere: “¡Han matado a Marta!” dejándonos helados. Unos
minutos más tarde, he logrado acercarme al cuerpo inerte de mi compañera de
vida y comienzo a llorar. Oigo que alguien dice haber llamado a la policía
pero, antes de que lleguen, un grito más; alguien se va para volver pálido,
asustado, sobrecogido, diciendo: “Es Pedro, en el baño, rodeado de sangre”. Y,
al oírlo, me pongo en pie, porque sé quién ha sido, porque el 22 éramos cuatro
los que habíamos ganado la lotería y ahora somos dos. Busco la máscara que
eligió para la fiesta, la del Rey Emérito, pero antes de encontrarla oigo la
amenaza: “Por si no te callas” y empiezo a temblar.
(microrrelato escrito para esta propuesta;
sin embargo, me equivoqué y tuve que escribir otro que publicaré otro día)