Me
fui de la casa de mi hermana empujada por su odio y acariciada por los ojos de
su marido; sabiendo que nada haría que este se separase de su hijo, ni tan
siquiera yo. Han sido diez años de silencio y de frío. Solo hoy, mientras la
enterramos, me atrevo a levantar la vista y buscarle, para sentir de nuevo cómo
el corazón me golpea el pecho cuando él me mira, con unos ojos que siempre han
sido míos.
(microrrelato
escrito para el concurso convocado con motivo de la Quedada Microrrelatista que
ha tenido lugar en Mérida)

