-Se acaba el tiempo.
-Ya.
-Tenemos que decidirnos: cable rojo o azul.
-No es posible que nos estemos jugando la vida de este modo.
-Pero lo hacemos, todos los días. Cara o cruz.
-Hemos sido buenos compañeros, ¿verdad?
-Los mejores.
…
-Rojo, un buen color para morir.
-Y para vivir, también.
-Siempre has sido un optimista.
Las cámaras y los micrófonos de sus trajes lo registraban todo. A cientos de metros de distancia tenían que estar sudando la gota gorda. Ellos no. Se guiñaron un ojo y cortaron el cable rojo. Eran los mejores, sí, también para poner una bomba.
(microrrelato presentado sin éxito a la XXV Edición del Concurso de Microrrelatos en Bubok)






