No
teníamos ni blanca y, por no tener, no teníamos ni idea. En el barrio todos
habían prosperado de un modo u otro: trata de blancas, tráfico de cierta
sustancia en polvo, atracos con arma blanca…; y nosotros, con todos los
negocios ya pillados, solo lográbamos, al lado de nuestros vecinos, ser unos
mierdas. Así las cosas, nos pasábamos las tardes en blanco junto a un vaso de
cerveza; hasta que llegó El Sombra, una novedad en el vecindario, vieras como
lo vieras. Fue después de que jugáramos con él al tiro al blanco, lo que no
deja de ser una paradoja, cuando tras agitar la bandera blanca comenzó a darnos
algunas buenas ideas. A día de hoy ya estamos detrás de todos los negocios que
hay a este lado de la ciudad, obedeciendo a este hombre que fue el primer negro
que vimos en nuestras vidas, ese salvaje
sin escrúpulos que solo con poner los ojos en blanco y hacer una mueca
manda a cualquiera al otro barrio a hacer puñetas.
(microrrelato escrito para esta propuesta)
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