Se habían distanciado, entre ellos habían crecido muros, silencios y fronteras, hasta que él comentó que había descubierto a sus sombras haciendo manitas cada vez que tropezaban en alguna superficie por pequeña que fuera y ella le contó, con todo lujo de detalles, el modo indecente en que sus ropas se abrazaban en cuanto se encontraban en algún armario.
Evidentemente todo aquello era una
tontería, pero volvieron a reírse juntos y a mirarse a los ojos, como hacía
tiempo que no hacían.
(Proyecto: No me cuentes películas. ¿Te animas a
contar una historia que tenga el mismo título que la película pero que no tenga nada que ver con ella)





