El
Chulo tuvo, por una vez, una verdadera buena idea. Empezó diciendo aquello de “la
gente pudiente usa el ascensor, incluso las personas que están a su servicio
montan en él o en el montacargas si lo hay; de modo que la pregunta es: ¿cuándo
se usa una escalera?”. Los que le rodeábamos, acostumbrados y aburridos de sus
continuos discursos, permanecimos en silencio. “En realidad, las escaleras de
muchos edificios no se usan nunca; están por si las moscas, por si hay un
incendio o un corte en el suministro eléctrico”. Permanecimos callados, las
nubes de vaho ya desaparecían en el aire pero sabíamos que faltaba la
conclusión, la idea loca, un último apunte con el que cerrar el tema de alguna
forma brillante y ocurrente, algunas palabras que le permitiesen pensar que era
un tío listo, que aún lo era aunque viviese en la calle, que de hecho lo era
más que todos nosotros juntos. “Dicho esto, he aquí mi propuesta, podemos irnos
a vivir a una”.
Desde
ese día, en ocasiones, dormimos bajo techo y sin frío.
(microrrelato
escrito para esta propuesta)