25 de febrero de 2026

Meteorología para niños: juegos educativos (y VIII)

        

Los últimos juegos educativos que preparé para AEMET fueron estos: Descubre las brisas, Los electrometeoros y Los litometeoros.

Ahora me dedico a otras cosas.





18 de febrero de 2026

El germen

Las cacerolas estaban hace demasiado tiempo vacías. Solo sirven para ocupar espacio, dijo uno; para hacer ruido, comentó otro; para iniciar una protesta, añadió alguien.

11 de febrero de 2026

Partiendo la pana

Desde que le tocó la Lotería se sentía más alto y delgado, más guapetón. Por eso cuando, en la fiesta de Nochevieja, vio a la Tere, siempre de toma pan y moja, bailando al ritmo de los Estopa, él se animó, sonriendo con la boca cerrada para ocultar el destrozo hecho por el turrón de la cena, con un gorrito sobre la calva y un matasuegras. Guiñó un ojo, tiró un beso, movió las caderas pero, barruntando que ella se quería ir, dijo: “Estás muy guapa, reina, y lo estarás más cuando el dinero que gané el 22 lo invierta todito en tu persona”. Ella, guapa, lista y de repente enamorada perdida, contestó picarona: “Si yo soy reina, tú eres mi rey”. A él se le hizo el culo gaseosa, literalmente, porque el champán le sentaba fatal; y a ella le hicieron, pasados unos meses, unas tetas.
 
(microrrelato escrito para esta propuesta)

4 de febrero de 2026

Huida a Abu Dabi, como aquel

Fue él quien propuso, para Nochevieja, un baile de máscaras. Y ahora que nuestras bocas saben a uvas y champán, que la gente empieza a entregarse a la noche, oímos los gritos de Tere: “¡Han matado a Marta!” dejándonos helados. Unos minutos más tarde, he logrado acercarme al cuerpo inerte de mi compañera de vida y comienzo a llorar. Oigo que alguien dice haber llamado a la policía pero, antes de que lleguen, un grito más; alguien se va para volver pálido, asustado, sobrecogido, diciendo: “Es Pedro, en el baño, rodeado de sangre”. Y, al oírlo, me pongo en pie, porque sé quién ha sido, porque el 22 éramos cuatro los que habíamos ganado la lotería y ahora somos dos. Busco la máscara que eligió para la fiesta, la del Rey Emérito, pero antes de encontrarla oigo la amenaza: “Por si no te callas” y empiezo a temblar.
 
(microrrelato escrito para esta propuesta; sin embargo, me equivoqué y tuve que escribir otro que publicaré otro día)

28 de enero de 2026

Inesperadas visitas

Yendo hacia la cocina, al pasar junto a la puerta, creyó oír ruidos en la escalera. Curiosa, se acercó con sigilo a la mirilla y descubrió al viudo del sexto paseando nervioso, dudando, mordiéndose las uñas, mirando hacia su casa y acabar, con la cabeza gacha, metiéndose en el ascensor. Comprendió entonces que, cuando alguien toca un timbre, ha de estar listo para que lo vean. Su vecino no lo estaba pero, días después, tras maquillarse de forma discreta y hacer una tarta, es ella quien sube al sexto, toca el timbre y sonríe coqueta.
 
(microrrelato escrito para el XVII Premio de Microrrelatos "Al otro lado de la mirilla" convocado por las Bibliotecas Públicas de Madrid)

21 de enero de 2026

Negro sobre blancos

No teníamos ni blanca y, por no tener, no teníamos ni idea. En el barrio todos habían prosperado de un modo u otro: trata de blancas, tráfico de cierta sustancia en polvo, atracos con arma blanca…; y nosotros, con todos los negocios ya pillados, solo lográbamos, al lado de nuestros vecinos, ser unos mierdas. Así las cosas, nos pasábamos las tardes en blanco junto a un vaso de cerveza; hasta que llegó El Sombra, una novedad en el vecindario, vieras como lo vieras. Fue después de que jugáramos con él al tiro al blanco, lo que no deja de ser una paradoja, cuando tras agitar la bandera blanca comenzó a darnos algunas buenas ideas. A día de hoy ya estamos detrás de todos los negocios que hay a este lado de la ciudad, obedeciendo a este hombre que fue el primer negro que vimos en nuestras vidas, ese salvaje  sin escrúpulos que solo con poner los ojos en blanco y hacer una mueca manda a cualquiera al otro barrio a hacer puñetas. 
 
(microrrelato escrito para esta propuesta)

14 de enero de 2026

Neura

No podía olvidar los ojos tristes de la pequeña prisionera, tan azules, y el modo en que atraían la atención de todo aquel que miraba dentro de su celda, arrancando siempre algún comentario cargado de lástima y compasión. No podía y eso que hacía semanas que había acabado con ella.