24 de septiembre de 2018

Alfarería aplicada

            Hace algunos meses, podando mi bonsái preferido, me pareció observar algo entre sus ramas. Temí una infección, una plaga; pero poco después concluía, con  auténtica sorpresa, que era una familia de pájaros.
            Eso me hizo pensar, elucubrar, y hoy, no sin miedo, estoy dispuesto a arriesgar el árbol. Lo cambiaré de tiesto, cubriré sus raíces con tierra arcillosa y las anegaré, hasta tener una buena cantidad de barro. Por lo que he leído, no hace falta mucho más para que, de una mezcla de agua y tierra, salga un ser humano.

(microrrelato incluido en “Menguantes”, libro que puedes descargarte en este enlace)

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